Photo Credit: James Foguth / American Forests
EN EL SUR DE EL VALLE DEL RÍO GRANDE DE TEXAS, Betty Pérez observa una uña de gato (Acacia greggi) en el vivero del rancho ganadero de su familia. Se siente satisfecha por el progreso de la planta silvestre que tiene a su cuidado. La cuida con el propósito de restablecer la propiedad que le ha pertenecido a su familia por generaciones. El riesgo que corre el futuro del terreno va en aumento debido a los cambios de temperatura y precipitación ocasionados por el cambio climático.
Al hablar sobre su proyecto de revegetación, Pérez señala: «Si bien no genera mucho capital, sí nos brinda una inmensa satisfacción». Sus conocimientos sobre el cuidado y plantación de estas especies nativas se remontan a la época en la que trabajó para Amigos de la Ruta Silvestre (Friends of the Wildlife Corridor), una organización sin fines de lucro que se dedica a la protección y restauración del Refugio Nacional de Vida Silvestre de Santa Ana y del Refugio Nacional de Vida Silvestre de El Valle del Río Grande. Estuvo al frente de la organización y ahora es miembro de la junta directiva.
Sus estudios de botánica los cursó en la Universidad de Texas para después regresar a recuperar esta parte del patrimonio familiar y «a empezar a conocerlo», indica Pérez. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos compra las especies nativas que ella vende, como la yuca, uña de gato y agrito, a fines de restablecer el dinámico hábitat natural que se encuentra amenazado en extensiones de tierra agrícola.
Del bosque espinoso tamaulipeco, ecosistema nativo de El Valle del Río Grande, pervive menos del 10%. Muchos vecinos de la comunidad de Pérez han optado por deshacerse de este hábitat en sus terrenos. A la vez, existe la presión que ejercen las constructoras que pretenden adquirir las tierras restantes para desarrollar áreas residenciales. A esto se suma la iniciativa de industrialización de la costa del Golfo de México, próxima a esta zona, para extraer gas natural licuado. Además de las amenazas al hábitat natural, existe también el riesgo inminente del cambio climático.
¿Cuáles son las consecuencias? Con el tiempo, a los animales nativos que dependen de estos bosques no les bastará ni el espacio ni los recursos. Tampoco habrá suficientes árboles para purificar el aire o el agua de los residentes de El Valle. Serán mayores los riesgos de inundación. Y, de esta manera, se perderá una gran parte del legado natural de El Valle.
Para contener esta situación, American Forests fundó la Sociedad para la Conservación de Bosques Espinosos (Thornforest Conservation Partnership) en 2018 con el fin de trabajar en conjunto con las comunidades, investigadores, representantes de la industria, organizaciones y terratenientes, como Pérez. La organización diseña planes y metas científicas para asegurar la conservación del ecosistema de bosques espinosos en las áreas más convenientes tanto para la población como para la flora y fauna de la región. La reforestación de suelo público es un elemento esencial para esta causa y Pérez, junto a otros propietarios de viveros, contribuyen a esta labor destinando árboles para lograrlo.
La esperanza es preservar este rincón único de Estados Unidos, que resguarda a 1200 especies de plantas, 300 mariposas y 519 especies de aves, además de al ocelote en peligro de extinción.
Según Pérez, a pesar de que casi todo «el hábitat original ha desaparecido, aún es una zona con una gran biodiversidad y de gran importancia». Una de las razones por las que la región tiene tanta importancia es que las bandadas de aves y nubes de mariposas recorren El Valle, pues este se ubica en el centro del corredor migratorio, entre los sitios de Centro y Sudamérica en donde pasan el invierno y los de Estados Unidos y Canadá que son su hogar durante el verano.
Si bien la presión bajo la que se encuentra el área le inquieta, Pérez ha observado que muchos de sus vecinos gestionan sus predios de manera diferente debido a la creciente sensibilización acerca de los problemas ambientales y la preocupación por el impacto del cambio climático.
«No desbrozan todo el terreno», comenta. «Muchos de ellos están haciendo un gran trabajo».
Photo Credit: James Foguth / American Forests
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Photo Credit: Givewith
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Photo Credit: Jack Gordon / American Forests
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Photo Credit: Jack Gordon / American Forests
Katherine Gustafson es una escritora autónoma que se especializa en dar a conocer las historias de agentes de cambio, como entidades benéficas activas e innovadores tecnológicos. Artículo publicado originalmente en el ejemplar de verano 2021 de la revista American Forests.