Photo Credit: Jack Gordon & James Foguth / American Forests
BENITO TREVIÑO HABLA CON PASIÓN SOBRE la flora y fauna que pueblan su propiedad, Rancho Lomitas, ubicada en lo más recóndito de El Valle del Río Grande de Texas.
Explica que se siente «muy, muy afortunado» de convivir con las víboras índigo, reptiles que pueden llegar a medir hasta dos metros y medio de largo y que son conocidas por cazar y comer otras serpientes. Las víboras de cascabel forman parte de su dieta y por ello cumplen un papel muy importante dentro del ecosistema. Treviño siente un aprecio singular por el pequeño sapo mexicano de madriguera, que pasa la mayor parte de su vida bajo tierra y sólo emerge tras una fuerte lluvia para un frenético periodo de apareamiento que dura entre uno y tres días.
«Salen de las madrigueras y empiezan a hacer un sonido como “uo, uo” que se escucha hasta por tres kilómetros», explica Treviño, describiendo el canto de apareamiento de los sapos.
La presencia constante de este anfibio en el Rancho Lomitas es una señal de lo excepcional que es el terreno de Treviño. La agricultura y el desarrollo urbano han desplazado la flora y fauna de la región, reduciendo sus territorios y poniendo en peligro a especies como esta en todo El Valle del Río Grande. El Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas considera al sapo mexicano de madriguera, por ejemplo, como una especie en peligro. Sin embargo, mientras dependa de Treviño, este y otros animales podrán encontrar siempre un refugio seguro en sus tierras.
Treviño, quien es propietario de un vivero de plantas nativas, practica la etnobotánica y comparte sus conocimientos con distintas generaciones de la comunidad, lo que lo ha convertido en toda una leyenda local. Si bien le encantan los reptiles, aves, mariposas y demás especies que crecen aquí, su verdadera pasión son las plantas.
«He dedicado prácticamente toda mi vida a las plantas nativas de esta región», afirma. «Para mí, no sólo se trata de conservar la flora y la fauna, sino de hacerlo con el fin de que todos los seres humanos, como nosotros y como nuestros hijos, podamos disfrutar de sus beneficios», agrega Treviño.
Jon Dale, quien encabeza la labor de American Forests en El Valle del Río Grande y México y conoce a Treviño desde hace ya mucho tiempo, señala que la protección de la diversidad vegetal es fundamental para crear rutas forestales que permitan la subsistencia de especies en peligro como el halcón aplomado del norte, la tortuga de Texas y el ocelote. El Valle del Río Grande alberga la única población de ocelotes en Estados Unidos, aunque estos felinos, con aspecto de jaguar, también se encuentran del otro lado de la frontera, en México.
«Benito es conocido por su innovación en la producción de plántulas. Fue uno de los primeros en involucrarse a fondo hace ya varias décadas», comenta Dale. «Pero él es mucho más que eso. Su amplio conocimiento, comprensión y enseñanzas sobre la importancia de conservar la diversidad de la flora en este ecosistema en peligro es invaluable», añade. La historia de Treviño inicia en 1947, como uno de los quince hijos de una familia de trabajadores agrícolas migrantes de la Ciudad de Río Grande, en el condado de Starr. Desde su juventud, se le inculcó lo significativo del lugar y un profundo respeto por la flora nativa y sus propiedades medicinales. Su casa estaba tan cerca de la frontera con México, que podía arrojar piedras desde su hogar hasta el Río Bravo (Río Grande).
Treviño se crio e instruyó con sus abuelos. Comparte que podían pasar semanas sin que visitaran la ciudad, dado que eran de escasos recursos y la mayoría de las cosas que necesitaban las podían obtener de sus tierras.
«Una y otra vez, nos enseñaban a sobrevivir en este entorno difícil», expresa. «Aprendimos a tejer, hacer sogas, recolectar plantas nativas comestibles o medicinales del campo, hacer jabón, en fin, todo lo necesario para sobrevivir», agrega.
Cuando alguien recibía el golpe de un caballo durante la temporada de marcado equino, Treviño sabía utilizar la manzanita, o cereza de Barbados, para tratar la inflamación. Y si el golpe causaba dolor de cabeza o cuerpo, se recolectaba corteza de sauce y raíces de nopal para preparar una especie de aspirina amortiguada.
Photo Credit: Jack Gordon & James Foguth / American Forests
«Cuando estudié en la universidad, supe que el ácido salicílico se deriva de la corteza del sauce», comenta. «En aquel entonces, preparaban ese menjurje, similar a la aspirina amortiguada saborizada, mucho antes de que se inventara.», explica.
Durante su bachillerato, Treviño se unió al movimiento de trabajadores agrícolas migrantes. En 1966, varios de sus familiares recorrieron más de 600 kilómetros hasta el Capitolio de Austin para formar parte de La Huelga, una manifestación en contra de las injusticias y malos tratos sufridos por los trabajadores agrícolas migrantes. Como parte del legado de dicha protesta, el presidente Lyndon Johnson instituyó el Mes Nacional de la Herencia Hispana.
«La Huelga fue el sacrificio que muchos hispanos de todo el sur de Texas hicieron con el propósito de mejorar nuestras vidas», explica Treviño. «El Mes de la Herencia Hispana nos ofrece un momento para reflexionar sobre todas las contribuciones que los hispanos han hecho a nuestro país».

Treviño no pudo unirse a la protesta desde el principio debido a que coincidió con su ceremonia de graduación de bachillerato. Además, una vez egresado, se matriculó en la Fuerza Aérea, aprovechando la Ley de Reajuste de Militares que permitía solventar la colegiatura de la universidad. Durante su estancia en la Base Dyess de la Fuerza Aérea, en Abilene, Texas, se encargó del montaje de armas nucleares en aeronaves bombarderas B-52. Esta tarea formaba parte de la operación Chrome Dome, una estrategia de EE. UU. que consistía en mantener bombarderos armados con capacidad nuclear en alerta permanente, listos para responder ante un ataque de la Unión Soviética.
Con una sonrisa en el rostro, Treviño recuerda cómo la persona que lo reclutó para trabajar con armas nucleares le mencionó que lo habían seleccionado para una tarea que, al igual que la reparación de relojes, requeriría gran destreza y una enorme calma. Después de servir en diferentes puestos en Colorado, Michigan y Tailandia, Treviño se retiró del ejército con el dinero suficiente para cubrir los gastos de sus estudios.
Durante su estadía en la Universidad de Texas en Austin, Treviño tornó su pasión por las plantas a toda una vida dedicada a una causa. Este cambio fue paulatino ya que, al mismo tiempo y durante meses, trabajaba en empleos que exigían mucho esfuerzo físico y se vio en la necesidad de tomar clases nocturnas. Siguiendo el consejo del decano, se adentró en la botánica, a pesar de desconocer el significado de la palabra «botánico» en ese momento.
Tras obtener su título universitario, le resultó difícil obtener un trabajo bien remunerado en el campo de la botánica, por lo que aceptó un puesto como técnico de laboratorio en una empresa química, donde conoció a su ahora esposa, Toni. En 1986, la pareja compró una propiedad de aproximadamente 72 hectáreas cerca de la zona donde él creció y la llamaron Rancho Lomitas. Cultivaban plantas nativas para venderlas mucho antes de que su importancia fuera reconocida por muchos; además, alquilaban casitas y fungían como guías en excursiones donde enseñaban el valor de preservar la flora y fauna nativa. Desde entonces, se extendió el terreno del Rancho Lomitas debido a la compra de un predio aledaño de 38 hectáreas.
El rancho cuenta con seis tipos de suelo, lo que da lugar a diferentes mini paisajes y diversas especies a lo largo de la propiedad. Es hogar de alrededor de seis especies nativas en peligro de extinción, 198 especies de aves, 16 especies de serpientes, 148 especies de mariposas y por lo menos 550 especies de plantas nativas.
Treviño cultiva plantas y contribuye en proyectos de restauración de hábitats con el Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas, Conservación de la Naturaleza (The Nature Conservancy) y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. Dale y él han dialogado acerca del plan de protección que American Forests ha desarrollado en colaboración con la Sociedad de Conservación del Bosque Espinoso (Thornforest Conservation Partnership), así como sobre la necesidad de recolectar y sembrar más semillas para preservar este ecosistema tan único que está en peligro de desaparecer.
Photo Credit: Jack Gordon & James Foguth / American Forests
«Es un gran privilegio trabajar con ellos y saber que mis acciones pueden multiplicarse muchas veces gracias a su lucha», opina Treviño. «Me encantan los bosques, hay algo mágico en ellos, por eso creo que mis objetivos se alinean casi 100% con los suyos».
Gisel Garza, nativa de El Valle del Río Grande y líder en la recolección de semillas de American Forests, así como de las campañas de tratamiento y cultivo en el sur de Texas, siguió de cerca a Treviño en su vivero en 2021, cuando se unió a la organización.
«Aprendí mucho sobre la recolección de semillas y el cuidado de nuestras plantas nativas gracias a él», dice Garza. «Es toda una enciclopedia de conocimiento sobre la biodiversidad local; además, le apasiona tanto la conservación de los bosques espinosos como su papel de guía ambiental en nuestra comunidad», añade.
Photo Credit: Jack Gordon & James Foguth / American Forests
Treviño se conmueve al recordar un gran proyecto de restauración con el que tuvo dificultades durante semanas, ya que debía determinar qué especies elegir y qué pastizales vacíos convertir en hábitats nativos. Una mañana, mientras contemplaba el amanecer en Rancho Lomitas, observó la interacción entre la luz, la humedad, la tierra y los árboles al disiparse la neblina.
«Fue algo increíble, los diferentes tonos de las hojas, cómo se movían con el viento y cómo resplandecía la luz», comparte y agrega, «pensé “voy a marcar esta área e iré por mi cuaderno”. Pasé tres días estudiando ese entorno para trasladarlo a mi propio proyecto y recrear esa hermosa imagen que la naturaleza ha creado para nuestro deleite».
Recientemente, Treviño alcanzó una gran meta al crecer su millonésima planta desde semilla, lo que lo llevó a reflexionar sobre su legado.
«Espero, por lo menos, haber instruido a la gente sobre nuestras necesidades y la importancia de la flora nativa en esta región, no solo para la fauna, sino también para nosotros, los seres humanos. Estos árboles, plantas y demás son esenciales para nosotros, así como lo son para los reptiles y las aves. Espero haber encendido una chispa dentro de la mente de los jóvenes para que continúen la labor que he iniciado», concluye.
Lee Poston es un asesor de comunicación que trabaja con entidades comprometidas con su misión y produce sus redacciones en University Park, Maryland. Artículo publicado originalmente en la edición de otoño de 2023 de la revista American Forests.